Rutas de pueblos con encanto · Latinoamérica y Caribe · 7 días

Ruta de pueblos con encanto por República Dominicana en 7 días

Ruta de pueblos con encanto por República Dominicana en 7 días
  1. 1Santo Domingo
  2. 2La Romana
  3. 3Sabana de la Mar
  4. 4Samaná
  5. 5Las Galeras
  6. 6Las Terrenas
  7. 7Puerto Plata

Esta ruta de pueblos con encanto por la República Dominicana deja a un lado los resorts y pone el foco en lo que muchas veces se pasa por alto: la primera zona colonial de América, las aldeas de pescadores reconvertidas y los cascos de casas victorianas de la costa norte. Siete días para recorrer, en orden, Santo Domingo, La Romana, Sabana de la Mar, Samaná, Las Galeras, Las Terrenas y Puerto Plata.

A diferencia de la ruta general del país —que se organiza alrededor de las excursiones a Saona, ballenas y playas—, aquí el hilo es el ambiente urbano: calles empedradas, plazas con glorieta, muelles de pescadores y arquitectura popular. Las playas y los tours siguen estando, claro, pero como complemento del paseo, no como plato único.

Es una ruta pensada para quien viaja despacio y disfruta tanto de un café en una plaza colonial como de un chapuzón. Te aviso de una cosa desde ya: no todas las paradas son "pueblos con encanto" al uso, y cuando una vale sobre todo por su naturaleza, te lo digo sin adornos.

Día 1 · Santo Domingo

Empezamos por la joya urbana del viaje. La Zona Colonial de Santo Domingo, Patrimonio de la Humanidad, es un casco histórico de calles empedradas del siglo XVI que se recorre entero a pie. El eje es la calle El Conde, la arteria peatonal que arranca en la Puerta del Conde —la vieja entrada de la ciudad amurallada, junto al Parque Independencia— y cruza el barrio entre tiendas, cafés y vida local. De camino caes en el Parque Colón, la plaza más animada, con la Catedral Primada de América presidiéndola.

Para situarte el primer día y no perderte entre plazas, el free tour por la ciudad colonial es ideal: suele salir de la Plaza de España y terminar en el Parque Colón, y luego ya vuelves por tu cuenta a lo que más te haya llamado. Deja el atardecer para el Parque Colón, que se llena de ambiente (y de palomas).

Calle El Conde y la Zona Colonial de Santo Domingo, el casco histórico más antiguo de América.
Calle El Conde y la Zona Colonial de Santo Domingo, el casco histórico más antiguo de América. Foto: Desox7x · CC0

Día 2 · La Romana (Bayahibe)

La segunda parada tira más de mar que de piedra, pero tiene su encanto en Bayahibe, un antiguo poblado de pescadores de ambiente relajado y colorido que merece un paseo tranquilo. No esperes un gran conjunto monumental: aquí el atractivo es callejear entre casas de colores y el trasiego del pequeño puerto.

Como es la puerta de entrada a la isla Saona, aprovecha para combinar el paseo por el pueblo con una salida al mar; la excursión a isla Saona es la clásica de la zona. Deja la mañana o el final del día para recorrer Bayahibe con calma, cuando baja el trasiego de los tours.

Día 3 · Sabana de la Mar

Seamos honestos: Sabana de la Mar es un tranquilo pueblo pesquero que, como dice su propia guía, no destaca por sus monumentos. Aquí el "encanto" no está en el casco urbano sino en lo que hay a sus puertas: el Parque Nacional Los Haitises, con sus mogotes de piedra caliza asomando del mar, los manglares y las cuevas con petroglifos taínos.

Así que planteamos el día como transición y naturaleza: recorres el parque —solo se puede explorar por mar— con el combinado de Los Haitises y Cayo Levantado y cruzas la bahía hacia Samaná. Del pueblo en sí no hay mucho que rascar en clave de casco histórico, y no pasa nada por reconocerlo.

Día 4 · Samaná (Santa Bárbara de Samaná)

Ya en la península, Santa Bárbara de Samaná recupera el hilo urbano. Su gracia está en el malecón al atardecer y, sobre todo, en el curioso puente peatonal que conecta con el Cayo Vigía, un islote con vistas preciosas de la bahía. Un dato que le da personalidad: la ciudad fue fundada en 1756 por familias canarias, algo que se nota en su carácter.

Úsala como base cómoda: desde su puerto salen las excursiones a Los Haitises, a Cayo Levantado y, si viajas en temporada, al avistamiento de ballenas jorobadas. Reserva el final de la tarde para el paseo por el malecón y el puente al Cayo Vigía, que es cuando mejor está.

Día 5 · Las Galeras

En el extremo oriental de la península, Las Galeras es un pueblo pequeño y tranquilo que se recorre a pie en un rato. Que quede claro: no vienes por el casco, vienes por ser la puerta a algunas de las playas más vírgenes del país, calas escondidas entre acantilados de roca caliza a las que solo se llega andando o en lancha.

El plan lógico es dedicar el día al mar. La joya es Playa Rincón, con sus cocoteros y el río de agua dulce de Caño Frío; una manera cómoda de conocer varias calas de golpe es el tour en lancha por las playas de Samaná, que bordea los acantilados desde el agua. Consulta el estado del mar: cuando hay oleaje, las salidas en lancha se cancelan por seguridad.

Día 6 · Las Terrenas

En la costa norte de la península, Las Terrenas tiene un ambiente muy particular por su mezcla de influencia europea. El rincón con más encanto es el Pueblo de los Pescadores: antiguas cabañas de pescadores reconvertidas en restaurantes y bares frente al mar, con cocina dominicana, francesa e italiana, que al caer la tarde se llenan de vida. Es el mejor sitio para cenar viendo la puesta de sol.

El pueblo y el paseo junto al mar se recorren a pie. Si te queda gasolina, la excursión estrella de la zona es la cascada El Limón; el clásico dominicano es llegar a lomos de caballo, y puedes reservar el senderismo a la cascada El Limón si prefieres el trayecto a pie.

Día 7 · Puerto Plata

Broche de oro para los amantes de los cascos históricos. Puerto Plata, «la novia del Atlántico», tiene el centro más fotogénico de la ruta: casas victorianas de colores pastel y un Parque Central cuya glorieta se restauró respetando el diseño original de 1880. Junto al parque, la Catedral de San Felipe Apóstol luce una llamativa arquitectura de inspiración art déco.

Completa el paseo con la Fortaleza de San Felipe, único edificio que se conserva del siglo XVI, y con el Museo del Ámbar, instalado en una de las casas victorianas más bonitas de la ciudad. Termina el viaje en el malecón al atardecer, cuando salen los puestos de comida callejera. El centro se recorre a pie en una mañana, así que aún te queda margen para una última escapada natural como el paraíso de Cayo Arena.

Consejos prácticos para esta ruta de pueblos con encanto

El punto fuerte de este itinerario es el contraste: la piedra colonial de Santo Domingo, los muelles de pescadores del sureste y de Samaná, y las casas victorianas de Puerto Plata. Si tu prioridad son los cascos históricos, exprime el primer y el último día, que son los más urbanos; las paradas centrales (Sabana de la Mar, Las Galeras) valen sobre todo por naturaleza, así que no te frustres buscando plazas monumentales que no existen.

Plantéalo con flexibilidad: muchas de las playas y calas dependen del estado del mar y las salidas en lancha se cancelan si hay oleaje. No intentes meter todo el país en una semana ni encadenar excursión tras excursión; la gracia de esta ruta es tener tiempo para callejear, tomar algo en una plaza y ver un atardecer sin prisa. Para los cascos históricos, madrugar te regala calles vacías y buena luz para las fotos.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la parada con el casco histórico más bonito de la ruta?

Sin duda la Zona Colonial de Santo Domingo, con sus calles empedradas del siglo XVI, la Catedral Primada de América y la peatonal calle El Conde. En la costa norte, Puerto Plata compite fuerte con su centro de casas victorianas de colores pastel y la glorieta del Parque Central. Son los dos extremos más urbanos del viaje y conviene reservarles tiempo de sobra.

¿Todas las paradas son pueblos con casco histórico o algunas son solo naturaleza?

No todas. Santo Domingo, Samaná (con su malecón y el puente al Cayo Vigía), Las Terrenas (el Pueblo de los Pescadores) y Puerto Plata sí tienen un ambiente urbano que pasear. En cambio Sabana de la Mar y Las Galeras destacan por lo que hay a sus puertas —Los Haitises y las playas vírgenes— más que por su casco. Bayahibe, en La Romana, es un antiguo poblado de pescadores con encanto sencillo. Lo suyo es ir sabiendo qué esperar de cada una.

¿Cuál es la mejor hora para disfrutar de los pueblos con encanto de esta ruta?

Para los cascos históricos, la primera hora de la mañana te regala calles tranquilas y buena luz. Para el ambiente, el atardecer: el Parque Colón de Santo Domingo, el malecón de Samaná, el Pueblo de los Pescadores de Las Terrenas y el malecón de Puerto Plata cobran vida al caer el sol. En algunos malecones conviene preguntar en el alojamiento sobre la seguridad si sales de noche.

¿Merece la pena parar en Sabana de la Mar dentro de una ruta de pueblos con encanto?

Como pueblo en sí, poco: es un tranquilo enclave pesquero sin apenas monumentos. Su valor está en ser la puerta al Parque Nacional Los Haitises, con mogotes, manglares y cuevas taínas. Si vas a continuar hacia Samaná encaja bien como parada de naturaleza y enlace; si buscas exclusivamente cascos históricos, tenlo claro para no llevarte una decepción.