Rutas gastronómicas · España · 6 días
Ruta gastronómica por La Rioja en 6 días
Esta ruta gastronómica por La Rioja está pensada para quien viaja con el paladar por delante: seis días de bodegas centenarias, catas de tempranillo, pinchos de barra y platos de la huerta riojana, encadenando pueblos del corazón vinícola de España. No es un recorrido de monumentos con el vino de adorno; aquí lo que manda es lo que se come y lo que se bebe en cada parada.
El itinerario sigue el orden natural del terreno, de Logroño hacia el noroeste de la Rioja Alta, de manera que cada día enlaza con el siguiente sin dar rodeos. Verás que casi todo gira en torno a las bodegas y las catas, porque es lo que realmente define esta tierra, pero también dejamos hueco para la mesa: verduras, embutidos, quesos de Cameros y esos guisos que maridan con un buen crianza.
Si ya conoces nuestra ruta general por La Rioja, ésta es su versión golosa: mismos pueblos, otra mirada. La idea es que reserves catas con antelación, alternes días intensos de bodega con paseos tranquilos y no intentes visitar cinco bodegas en una jornada, porque el vino, como esta ruta, pide calma.
Día 1 · Logroño
Empezar la ruta en Logroño es empezar por la mesa: la capital riojana concentra la mejor cultura de pinchos del norte, con la Calle Laurel como epicentro del tapeo, donde cada barra se especializa en un bocado. Dedica la tarde y la noche a ir de puerta en puerta, pincho y chato de tempranillo en mano, sin cenar en un solo sitio. Es la mejor manera de entender cómo se come aquí.
Para arrancar con contexto, un free tour por Logroño te sitúa el casco antiguo antes de lanzarte a la Laurel. Y como estás en la capital del vino, aprovecha para visitar una de sus bodegas históricas junto al Puente de Piedra con el tour por las Bodegas Franco-Españolas, o el enfoque más ecológico del tour por Viña Ijalba si te interesa el vino de cultivo respetuoso.

Día 2 · Navarrete
A un paso de Logroño, Navarrete aporta a esta ruta una de las visitas de bodega más completas de la zona. Aquí se encuentra una de las casas históricas de la denominación, y la visita a las Bodegas Montecillo merece reservar media mañana: recorres la sala de barricas, los botelleros y las salas subterráneas, hay un taller para distinguir los distintos tipos de roble (americano, francés y mixto) y remata con una cata de tres vinos Premium, entre ellos un blanco fermentado en barrica y una edición limitada Reserva.
Antes o después de la cata, callejea el casco histórico y fíjate en la tradición alfarera del pueblo: la cerámica de Navarrete es parte de su identidad y da pie a llevarte algún cacharro donde servir el vino en casa.
Día 3 · Fuenmayor
En plena Rioja Alta, Fuenmayor es de los pueblos con mayor concentración de bodegas históricas de la región, así que es la parada donde más a fondo puedes meterte en el maridaje. La visita a la bodega Heras Cordón, con orígenes en el siglo XIX, la guía un enólogo y termina con una cata acompañada de embutidos y quesos locales; si quieres redondearla, se puede añadir un menú degustación con platos tradicionales riojanos como las patatas a la riojana, el cabrito asado o las torrijas.
Como aquí las catas son el plan del día, conviene despreocuparse de conducir: un tour por los viñedos y bodegas te lleva al corazón del enoturismo con guía incluido, y las actividades gastronómicas combinan vino y buena mesa para quien quiere ir más allá de la cata clásica.
Día 4 · Cenicero
Pequeño y volcado en la uva, Cenicero vive por y para el vino, y aporta a la ruta una de las bodegas que cambiaron la Rioja moderna. En la visita a las Bodegas Marqués de Cáceres conoces cómo introdujeron técnicas de inspiración bordelesa que realzan la fruta, y la cata final marida tres vinos con productos riojanos como el queso de Cameros o el chorizo. Hay opción estándar y premium con vinos de alta gama.
Si te has quedado con ganas de comparar estilos, el tour por otras bodegas riojanas te deja ver cómo cada casa interpreta el tempranillo. En la mesa, no te vayas sin probar las verduras de la huerta riojana, que aquí tienen fama merecida. Reserva con antelación: estas catas agotan plazas en temporada alta.
Día 5 · San Asensio
En San Asensio, la comida y la bebida se cuentan bajo tierra: su barrio de bodegas subterráneas, galerías excavadas en la roca, mantienen la temperatura estable ideal para la crianza y son el testimonio vivo de cómo se ha hecho vino aquí durante generaciones. Es la parada donde entiendes la cultura del calado, el corazón artesanal de esta ruta.
La experiencia estrella es la visita a las Bodegas Lecea con cata: recorres las instalaciones, conoces el proceso de elaboración tradicional y catas los vinos de la casa con la explicación cercana de quienes trabajan cada rincón. Sirve tanto para aficionados como para quien se inicia en el vino riojano.
Día 6 · Cuzcurrita de Río Tirón
La ruta cierra en el extremo noroeste, en Cuzcurrita de Río Tirón, un pueblo de bodegas familiares donde el vino se sigue haciendo con mimo. La visita imprescindible es la de las bodegas Urbina, una explotación familiar que cultiva la vid desde 1870, con cuatro generaciones detrás: en unas dos horas recorres todo el proceso, del cultivo al embotellado, y terminas con una cata generosa de ocho vinos —reservas, crianzas, blancos, un rosado, un tempranillo y hasta un Gran Reserva—, ideal para poner a prueba lo que has aprendido durante la semana.
Entre cata y cata, asómate al castillo medieval reflejado en el río Tirón y al puente, la estampa perfecta para cerrar seis días de tempranillo. Consulta y reserva las actividades del pueblo con antelación, porque la oferta es pequeña.
Consejos prácticos para esta ruta gastronómica
Reserva las catas y visitas de bodega con antelación: en esta ruta son el plato fuerte de casi cada día y suelen agotar plazas, sobre todo en otoño. Precisamente el otoño, con la vendimia, es la época más golosa por el ambiente en las bodegas y los colores del viñedo, aunque la primavera y el verano regalan días luminosos para pasear entre cepas.
No intentes encadenar varias bodegas en una misma jornada: entre el recorrido, la cata y la comida, cada visita se come media mañana o toda una tarde, y el vino pide moderación si vas a conducir. Alterna un día de bodega intensa con otro de paseo y tapeo. Y organiza los conductores del grupo o únete a tours con traslado incluido cuando haya catas de por medio: es lo más sensato para disfrutar sin renunciar a la copa.
Preguntas frecuentes
¿Merece la pena reservar las catas por adelantado o puedo improvisar al llegar?
Mejor reservar. En esta ruta las visitas guiadas con cata son el eje de casi cada día y muchas bodegas trabajan con grupos y horarios cerrados, de modo que en temporada alta y en fines de semana suelen agotar plazas. Improvisar te expone a plantarte en la puerta sin sitio, así que deja atadas al menos las de Montecillo, Heras Cordón, Marqués de Cáceres, Lecea y Urbina.
¿Qué se come en La Rioja además de vino en un viaje gastronómico como éste?
El vino manda, pero la mesa acompaña. En las catas es habitual maridar con embutidos, chorizo y quesos locales como el de Cameros. En los pueblos se comen verduras de la huerta riojana y platos tradicionales como las patatas a la riojana o el cabrito asado, y de postre torrijas. En Logroño el gran plan es el tapeo de pinchos por la Calle Laurel.
¿En qué se diferencian las bodegas de cada parada para no repetir la misma experiencia?
Cada casa aporta algo distinto: Montecillo se centra en el roble y la crianza, Heras Cordón suma la posibilidad de un menú degustación riojano, Marqués de Cáceres cuenta la revolución de las técnicas bordelesas, Lecea te mete en el mundo de las bodegas subterráneas excavadas en roca y Urbina remata con una cata amplia de ocho vinos. Variar así evita que las visitas se te hagan repetitivas.
¿Cómo organizo las catas si quiero beber sin preocuparme de conducir?
Lo más sensato es turnar a los conductores del grupo o apuntarte a tours que incluyen traslado y guía, como los tours de viñedos y bodegas de Fuenmayor o Cenicero. Así puedes catar con tranquilidad. Otra opción es concentrar las catas en pueblos donde te alojes y moverte a pie por el casco, dejando el coche para los desplazamientos entre paradas.