Ruta · España · 7 días

Ruta por La Rioja en 7 días: del Ebro a la Rioja Alta

Ruta por La Rioja en 7 días: del Ebro a la Rioja Alta
  1. 1Logroño
  2. 2Navarrete
  3. 3Fuenmayor
  4. 4Cenicero
  5. 5San Asensio
  6. 6Haro
  7. 7Cuzcurrita Rio Tiron

La Rioja es de esos destinos que se saborean despacio, copa en mano. Esta ruta de 7 días recorre la provincia de este a oeste, empezando por la capital y desgranando después los pueblos vinícolas de la Rioja Alta uno a uno, en el orden en que se van encadenando por carretera. No es una carrera: es un viaje pensado para catar, pasear cascos históricos y entender por qué el tempranillo riojano tiene fama mundial.

Le sirve tanto a quien viene por el vino como a quien busca pueblos con encanto, iglesias, castillos y paisaje de viñedo. Cada jornada se centra en una parada (a veces dos si quedan a un paso), con tiempo para una visita a bodega con calma y para callejear sin reloj. La clave está en no querer meterlo todo el mismo día.

Un aviso de amigo: si hay catas de por medio, plantéate turnarte al volante o unirte a visitas con traslado. El vino y la conducción no se llevan bien, y aquí el vino es el protagonista.

Día 1 · Logroño

Arranca en la capital, que es la puerta natural a la región. Logroño se recorre a pie sin problema: el casco antiguo, el Puente de Piedra sobre el Ebro, la Concatedral de Santa María de la Redonda con sus torres gemelas y las iglesias de San Bartolomé y Santiago el Real, muy ligadas al Camino. Para situarte el primer día y pillarle el pulso a la ciudad, un free tour por Logroño te deja los monumentos clave contextualizados antes de perderte por tu cuenta.

Al caer la tarde toca la calle Laurel, templo del pincho, y un paseo por la ribera del Ebro al atardecer. Si te sobra energía, las Bodegas Franco-Españolas quedan a un paso del Puente de Piedra.

El Puente de Piedra sobre el Ebro, una de las postales clásicas de Logroño.
El Puente de Piedra sobre el Ebro, una de las postales clásicas de Logroño. Foto: Adam Jones from Kelowna, BC, Canada · CC BY-SA 2.0

Día 2 · Navarrete

Primera parada de pueblo. Navarrete es pequeña pero con mucho carácter: casco antiguo declarado Conjunto Histórico, casas blasonadas, la iglesia de la Asunción con su retablo barroco descomunal y los restos del castillo y las murallas, que funcionan como mirador. No te pierdas la portada gótica del antiguo Hospital de Peregrinos trasladada al cementerio, ni los talleres de cerámica, seña de identidad alfarera del pueblo.

Reserva la media mañana para una bodega: la visita a las bodegas Montecillo, una de las más antiguas de La Rioja, te lleva por la sala de barricas y los calados subterráneos y termina con una cata. Encaja perfecto antes de comer.

Día 3 · Fuenmayor

Seguimos hacia la Rioja Alta. Fuenmayor es una villa señorial con una de las mayores concentraciones de bodegas históricas de la región. Pasea el casco antiguo, la iglesia de Santa María y sus casonas de piedra por la mañana, y dedica el resto del día al vino. La visita a la bodega Heras Cordón, con orígenes en el siglo XIX, incluye cata con embutidos y quesos locales.

Si prefieres despreocuparte de conducir —muy recomendable cuando hay catas—, apúntate a un tour por los viñedos y bodegas con guía, o combina vino y buena mesa con las actividades gastronómicas de la zona.

Día 4 · Cenicero

Cenicero vive por y para la uva. No es de grandes monumentos, sino de experiencias: la iglesia de Santa María la Real preside la plaza, pero el gran plan es rodearse de viñedos y catar. Cenicero es sede de bodegas de fama mundial, y la joya es la visita a las bodegas Marqués de Cáceres, que revolucionaron la Rioja con técnicas de inspiración bordelesa y terminan con una cata maridada con queso de Cameros o chorizo.

Si te has quedado con ganas de comparar estilos, un tour por otras bodegas riojanas es una buena forma de ver cómo cada casa interpreta el tempranillo. En otoño, con la vid teñida de dorados, los miradores sobre el valle del Ebro son un espectáculo.

Día 5 · San Asensio

En pleno alto Najerilla, San Asensio es el pueblo riojano auténtico, sin multitudes. Su gran singularidad es el barrio de bodegas subterráneas, galerías excavadas en la roca donde durante generaciones se ha elaborado y guardado el vino. Callejea por el casco, con sus casas señoriales y la iglesia parroquial visible desde los viñedos.

El plan estrella es la visita a las Bodegas Lecea con cata, perfecta para entender el vínculo del pueblo con la cultura del calado, tanto si eres aficionado como si te estás iniciando en el vino riojano.

Día 6 · Haro

La capital del vino y cuna de la Denominación de Origen Rioja bien merece una jornada entera. Haro tiene mucho más que bodegas: La Herradura, ese conjunto de calles semicirculares que es el alma del tapeo; la Plaza de la Paz con su Ayuntamiento neoclásico; el Palacio de Bendaña con su galería mudéjar; la iglesia de Santo Tomás Apóstol y la Basílica de la Vega. Para entender su pasado señorial y vinícola, una visita guiada por Haro es un acierto.

Después, el histórico Barrio de la Estación reúne bodegas centenarias. Y si buscas otro plan, hay hasta un tour en kayak por el Ebro para cambiar la copa por la pala un rato.

Día 7 · Cuzcurrita de Río Tirón

Broche final en el extremo noroeste de la región. Cuzcurrita de Río Tirón enamora sin hacer ruido: su castillo medieval de los siglos XIV-XV reflejado en el río Tirón es una de las estampas más fotografiadas de la Rioja Alta. Añade la iglesia de San Miguel Arcángel, el puente sobre el río y las casas blasonadas del casco, que se recorre en un paseo tranquilo de una mañana.

Es un pueblo de bodegas familiares donde el vino se hace con mimo, ideal para cerrar la ruta con una última cata antes de volver. Consulta las experiencias disponibles y reserva con antelación, porque la oferta es pequeña.

Consejos prácticos para esta ruta

El coche te dará libertad total: la Rioja Alta está pensada para descubrirse saltando de pueblo en pueblo entre viñedos. Eso sí, con catas de por medio, organiza los turnos al volante o tira de visitas con traslado incluido. Reserva las bodegas con antelación, sobre todo en temporada alta y en vendimia, porque las plazas vuelan.

El otoño, coincidiendo con la vendimia, es la época más especial por los colores del viñedo y el ambiente en las bodegas; primavera y verano regalan días luminosos para pasear. No intentes encadenar tres bodegas al día: la gracia está en catar con calma y dejar tarde libre para callejear y tapear. Y calzado cómodo, que aquí casi todo se ve andando.

Ver todos los destinos de La Rioja o el resto de rutas.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días necesito para recorrer La Rioja?

Con 7 días vas holgado y disfrutas de cada parada con calma, incluyendo una visita a bodega por jornada. Si dispones de menos tiempo, puedes agrupar pueblos cercanos (por ejemplo Navarrete y Fuenmayor) y quedarte con lo esencial de Logroño, Cenicero y Haro.

¿Se puede hacer esta ruta sin coche?

Es posible pero limita bastante. Logroño y Haro tienen buenas conexiones, y a algunos pueblos como Cenicero llega el tren o el autobús. El problema son las bodegas y los viñedos de las afueras: sin coche, apóyate en visitas organizadas con traslado incluido, que resuelven el desplazamiento y además te evitan conducir después de catar.

¿Cuál es la mejor época para hacer la ruta del vino riojano?

El otoño, con la vendimia, es el momento más atractivo por los colores del viñedo y el ambiente en las bodegas. La primavera y el verano ofrecen días luminosos ideales para pasear los cascos históricos. Cualquier época tiene su encanto; lo importante es reservar las bodegas con antelación.

¿Hay que reservar las visitas a bodegas?

Sí, muy recomendable. Las visitas guiadas con cata suelen tener plazas limitadas y se agotan en temporada alta y durante la vendimia. Reservar online con antelación te asegura hueco y, en muchos casos, cancelación gratuita si cambian los planes.