Rutas de pueblos con encanto · España · 7 días

Ruta de pueblos con encanto por Las Palmas en 7 días

Ruta de pueblos con encanto por Las Palmas en 7 días
  1. 1Maspalomas
  2. 2Las Palmas de Gran Canaria
  3. 3Playa Blanca
  4. 4Puerto del Carmen
  5. 5Tías
  6. 6Teguise
  7. 7Costa Teguise

Esta ruta de pueblos con encanto por la provincia de Las Palmas pone el foco donde suele quedar en segundo plano: los cascos históricos, las calles empedradas, la arquitectura encalada y esos rincones donde de verdad se palpa el pasado de las islas. No es la típica ruta de sol y playa, aunque el mar acompañe casi siempre; aquí lo que buscamos es el ambiente de villa, la plaza con solera y el mirador con historia.

Va bien para quien ya conoce las postales de Gran Canaria y Lanzarote y quiere algo más pausado, con tiempo para pasear sin rumbo. Empezamos en el sur de Gran Canaria, subimos a la capital y saltamos a Lanzarote, donde se concentra la joya patrimonial del recorrido: la villa de Teguise.

Un aviso de honestidad: esta ruta cruza de una isla a otra, así que hay que contar con un trayecto en barco o avión entre Gran Canaria y Lanzarote. Lo planteamos como un viaje de siete días con margen para no ir con prisas.

Día 1 · Maspalomas

Arrancamos en el sur de Gran Canaria. Seamos claros: Maspalomas no es un pueblo histórico de callejuela empedrada, sino un destino de dunas, playa kilométrica y faro. Aún así merece un primer día para aclimatarse: el Faro de Maspalomas, del siglo XIX, tiene un entorno agradable para pasear al atardecer, y las dunas al amanecer, con la luz baja, son un espectáculo natural que pone el listón alto. Deja este día para el cuerpo a cuerpo con el paisaje antes de meterte en materia de cascos históricos.

Si quieres vivir las dunas de una forma clásica y sin cansarte, el paseo en camello por las dunas de Maspalomas es un plan sencillo y muy fotogénico para estrenar el viaje.

Las dunas de Maspalomas con el faro al fondo, primera parada de la ruta.
Las dunas de Maspalomas con el faro al fondo, primera parada de la ruta. Foto: txamu · CC BY-SA 2.0

Día 2 · Las Palmas de Gran Canaria

Subimos a la capital, y aquí sí entramos de lleno en el encanto de casco antiguo. Las Palmas de Gran Canaria guarda en Vegueta el punto donde nació la ciudad en 1478: calles empedradas, la Catedral de Santa Ana, la Plaza de Santa Ana con sus perros de bronce y la Casa de Colón. Es el barrio ideal para perderse sin rumbo, con patios y fachadas que piden mirar hacia arriba. La contigua calle Mayor de Triana completa el paseo con su ambiente comercial.

Para captar la historia desde el minuto uno, un free tour por Las Palmas te ubica y te cuenta las claves de Vegueta y Triana de la mano de un guía local. Si te sobra tiempo, la playa urbana de Las Canteras es de las mejores de Europa.

Día 3 · Playa Blanca

Toca el salto a Lanzarote. Ya en la isla, Playa Blanca es sobre todo un núcleo de playas y calas, más que un pueblo con historia; conviene saberlo para no buscar aquí lo que no hay. Lo que sí tiene sabor es el paseo al atardecer por Marina Rubicón, con sus terrazas y su mercadillo, y la playita del propio pueblo para un chapuzón rápido. Es un día para bajar el ritmo tras el traslado entre islas.

La joya cercana es la Playa de Papagayo, en el Monumento Natural de Los Ajaches. Una manera cómoda de disfrutarla sin lidiar con las pistas de tierra es desde el mar, con una excursión en velero por las playas de Papagayo.

Día 4 · Puerto del Carmen

Seguimos por la costa sur hasta Puerto del Carmen. Hoy es el gran núcleo turístico de Lanzarote, pero conserva un rincón con alma: el puerto y el pueblo original, que a principios del siglo XX era una aldea pesquera. Ese es el trozo que interesa para nuestra ruta; el resto es paseo marítimo y arenales de bandera azul. Reserva un rato para caminar por la zona vieja del puerto y comer con vistas al mar.

Si te apetece cambiar de plano, la Playa Chica es el punto de snorkel y buceo más famoso de la zona, con fauna a pocos metros de la orilla; para estrenarte, un bautismo de buceo en Puerto del Carmen es una experiencia redonda.

Día 5 · Tías

Nos metemos tierra adentro. Tías es un municipio grande que va del interior a la costa, y su gran atractivo con encanto está en el pueblo de Tías: A Casa, la vivienda donde el escritor y Premio Nobel José Saramago pasó sus últimos años. Recorrer su biblioteca, su despacho y su jardín es un plan entrañable que rompe con la playa. A un paso empieza La Geria, la comarca vinícola donde las viñas crecen en hoyos excavados en la ceniza volcánica: un paisaje único.

Para conocer esa cultura del vino desde dentro, una visita a la bodega Vega de Yuco combina cata y paisaje volcánico en una misma tarde.

Día 6 · Teguise

El plato fuerte de la ruta. Teguise es la antigua capital de Lanzarote y, para muchos, uno de los pueblos más bonitos de España. Sus calles blancas con puertas y ventanas verdes son pura poesía arquitectónica. El corazón es la Plaza de la Constitución, presidida por la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, con su campanario de piedra volcánica veteado de cal entre palmeras. No te pierdas el Callejón de la Sangre, que recuerda la matanza del pirata Calafat en 1569, ni el placer de pasear atento a los detalles de cada fachada.

Un apunte de calendario: los domingos por la mañana se celebra el mercadillo, de los más populares de Canarias; si buscas ambiente y artesanía, ve ese día, y si prefieres las calles casi vacías para contemplarlas a placer, cualquier otro. Para entender sus leyendas y palacetes, apúntate a un free tour por Teguise.

Día 7 · Costa Teguise

Cerramos junto al mar en Costa Teguise, el núcleo litoral del mismo municipio (que no hay que confundir con la villa histórica). No es un pueblo de calles con solera, pero sí guarda un guiño con carácter: el Pueblo Marinero, un conjunto de casitas blancas diseñado por César Manrique imitando la arquitectura canaria tradicional, agradable para curiosear tiendas y terrazas. Un buen día final para descansar en la Playa de las Cucharas o subir a la Montaña de Tinaguache, desde donde en días claros se ve Fuerteventura.

Consejos prácticos para esta ruta de pueblos con encanto

El primer consejo es asumir que esta ruta no es homogénea: alterna pueblos de verdadero casco histórico (Vegueta, Teguise, el viejo puerto de Puerto del Carmen) con destinos que son sobre todo playa. Aprovecha los días de villa para pasear despacio, a primera hora o al atardecer, cuando las calles se vacían y la piedra encalada gana con la luz baja.

Ten muy presente que el recorrido cruza de Gran Canaria a Lanzarote, así que necesitas encajar un trayecto entre islas en tu planificación. En Lanzarote, moverte con libertad marca la diferencia para enlazar interior y costa. Y no intentes meter todos los parques de ocio y todas las playas: si el hilo que te interesa es el de los pueblos, prioriza Teguise por encima de todo y dale su tiempo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el pueblo con más encanto de toda la ruta?

Sin duda Teguise, la antigua capital de Lanzarez. Sus calles blancas con ventanas verdes, la Plaza de la Constitución con la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y rincones como el Callejón de la Sangre lo convierten en la parada más patrimonial del recorrido. Si tienes que sacrificar tiempo en algún sitio, no lo hagas aquí.

¿Qué días conviene visitar Teguise según el ambiente que busque?

Depende de lo que quieras. Los domingos por la mañana se celebra el mercadillo, uno de los más populares de Canarias, con mucho bullicio y artesanía. Si en cambio prefieres las calles casi vacías para fotografiarlas y pasear sin agobios, elige cualquier otro día de la semana.

¿Todas las paradas tienen casco histórico que merezca la pena?

No, y es justo saberlo. Vegueta en Las Palmas, la villa de Teguise y el pueblo original de Puerto del Carmen sí tienen alma de casco antiguo. En cambio Maspalomas, Playa Blanca y Costa Teguise son núcleos más orientados a la playa; en esos casos el encanto está en detalles puntuales, como el Pueblo Marinero de Costa Teguise diseñado por César Manrique.

¿Es cómodo combinar pueblos históricos con paradas de playa en el mismo viaje?

Sí, y esa mezcla es precisamente la gracia de esta ruta. Puedes dedicar las mañanas o los atardeceres a pasear por los cascos históricos, cuando la luz y la calma sacan lo mejor de las calles, y reservar las horas centrales del día para el mar. Alternar ritmos evita la saturación de un tipo de plan.