Rutas gastronómicas · España · 7 días
Ruta gastronómica por Asturias en 7 días
Esta ruta gastronómica por Asturias en 7 días está pensada para quien viaja con el estómago por delante: alguien que no se conforma con ver el paisaje, sino que quiere entender el Principado a través de su sidra, sus quesos de cueva y el pescado que sube fresco a los puertos del Cantábrico. No es la ruta general de monumentos y playas: aquí cada parada se elige por lo que se pone en la mesa.
Vamos de este a oeste, siguiendo el orden natural de la costa asturiana, desde las calas de Celorio hasta la villa blanca de Luarca, pasando por el corazón quesero de Cangas de Onís y las capitales sidreras de Gijón y Avilés. La idea es sencilla: comer donde toca cada cosa, sin forzar la máquina ni pretender probarlo todo en un día.
Un aviso de honestidad: te cuento el producto y el plato que aparecen documentados en cada sitio, no bares ni bodegas concretos que no puedo verificar. Los establecimientos los eliges tú sobre el terreno; el mapa del sabor te lo doy yo.
Día 1 · Celorio
Arrancamos en Celorio, en plena costa de Llanes, un pueblo de calas protegidas por islotes donde el eje del día es el mar como despensa. Aquí lo que manda es el pescado y el marisco de esta parte del oriente asturiano, con el añadido de que muchas playas se descubren en bajamar, así que conviene planificar la comida en función de la marea para que la sobremesa no te pille corriendo. Un buen primer día: abrir boca con el ambiente marinero y dejar la logística del viaje ya resuelta.
Si quieres empezar sin estrés y llegar directo a sentarte a la mesa, reservar con antelación un traslado privado hasta Celorio te ahorra el ir buscando aparcamiento el primer día, que en temporada alta se complica.
Día 2 · Ribadesella
La villa marinera de Ribadesella es, para un viaje gastronómico, una de las paradas fuertes. Aquí conviven el sabor pesquero de la desembocadura del Sella con dos emblemas asturianos que rara vez van separados: la sidra y el queso. Es el sitio ideal para entender cómo se marida un queso de cueva con un culín bien escanciado.
De hecho, la actividad que mejor resume el día es una degustación de sidra y quesos en las Cuevas del Agua: catar los quesos donde de verdad maduran, bajo tierra, es la clase magistral que da sentido a todo lo que comerás el resto de la semana. Deja el paseo por el casco histórico para después de comer.
Día 3 · Cangas de Onís
Tierra adentro, Cangas de Onís es la puerta de los Picos de Europa y, no por casualidad, uno de los grandes reductos queseros de Asturias. Su centro está salpicado de sidrerías y de tiendas de quesos, y este es el punto de la ruta donde más sentido tiene detenerse a comprar: los quesos de montaña de esta zona son de los más reconocidos del norte. Pasea entre puestos, prueba y llévate alguna pieza para el camino.
El plan gastronómico aquí es de sidrería clásica: mesa larga, escanciado y platos de cuchara y montaña. Reserva la mañana para el pueblo y el puente romano, y guarda el mediodía para sentarte con calma.
Día 4 · Colunga
Volvemos a la costa por Colunga, villa tranquila entre playas y huellas de dinosaurio. Seré honesto: la guía de Colunga tira más de naturaleza y de sus arenales que de una especialidad gastronómica documentada, así que aquí el enfoque es sencillo: comer buen pescado y producto de mar de la zona en un entorno relajado, sin grandes pretensiones. Es un día de transición, perfecto para bajar el ritmo después de la sidra y el queso de los días previos, y de paso disfrutar de una jornada de playa con la comida como excusa.
Día 5 · Gijón
Llegamos a la gran cita sidrera de la ruta. Gijón vive la sidra como parte de su identidad: hasta tiene en Cimavilla el Árbol de la Sidra, una escultura hecha con miles de botellas, y su gastronomía se disfrute, literalmente, «a golpe de culín». El barrio de Cimavilla, marinero y de origen romano, es donde late el ambiente de sidrerías y cocina de mar.
Para situarte antes de lanzarte a picar por el casco viejo, un free tour por Gijón el primer rato te ayuda a entender por qué la sidra es aquí casi religión y por dónde se mueve el ambiente de tapeo. Después, a por el escanciado y el pescado en Cimavilla.
Día 6 · Avilés
La tercera ciudad asturiana, Avilés, es una sorpresa también en lo gastronómico. Su casco histórico peatonal concentra la vida de bares y restaurantes, sobre todo en la fotogénica calle Galiana, con sus 252 metros de soportales continuos y la mayor densidad de sitios donde comer de la ciudad. Es un escenario ideal para tapear de portal en portal sin coger el coche.
Aquí, más que un plato estrella, lo que aporta la parada es el formato: recorrer soportales, entrar y salir de sidrerías y probar producto asturiano al ritmo tranquilo de una ciudad medieval. Un free tour por Avilés que arranca en la Plaza de España te deja perfectamente situado para elegir dónde parar a comer.
Día 7 · Luarca
Cerramos en el occidente con Luarca, la Villa Blanca de la Costa Verde. Su puerto es el corazón del día gastronómico: alrededor del muelle se concentran restaurantes, terrazas y sidrerías, y sigue siendo un núcleo pesquero en activo, así que es el broche perfecto para despedirse con pescado fresco frente a los barcos de colores. Como dice su propia guía, es «el mejor sitio para hincarle el diente a la gastronomía asturiana».
Si te sobra la mañana, la visita al Jardín de Fonte Baxa es un buen paseo antes de bajar al puerto a comer con calma en el último día.
Consejos prácticos para esta ruta gastronómica
El orden este-oeste tiene lógica de sabor: empiezas con el binomio sidra-queso del oriente (Ribadesella y Cangas de Onís) y terminas con el pescado de los puertos del occidente. No intentes acumular grandes comilonas todos los días; en Asturias las raciones son generosas y una sidrería seria te deja fuera de juego. Alterna un día fuerte con otro más ligero, como el de Colunga.
En la costa, planifica siempre las comidas de pescado teniendo en cuenta la marea y la faena del puerto: el producto del día es eso, del día. Para los quesos, aprovecha Cangas de Onís y Ribadesella para comprar y catar; son las paradas donde el producto está en su casa. Y no fuerces por probarlo todo: es mejor comer bien tres veces que regular seis.
Preguntas frecuentes
¿Qué productos asturianos no me puedo perder en esta ruta?
El eje son tres: la sidra, presente en casi todas las paradas y con Gijón como gran capital sidrera; los quesos de cueva del oriente, que en Ribadesella puedes catar donde maduran y en Cangas de Onís comprar en sus tiendas especializadas; y el pescado y marisco fresco de los puertos, protagonista en Celorio y sobre todo en Luarca.
¿Dónde tiene más sentido hacer una cata de sidra y queso?
En Ribadesella, gracias a la degustación de sidra y quesos en las Cuevas del Agua, que te permite probar los quesos en el mismo entorno subterráneo donde maduran. Es la parada que mejor explica el maridaje asturiano por excelencia, y Cangas de Onís, tierra quesera, es el complemento perfecto al día siguiente.
¿Cómo funciona lo del escanciado de la sidra?
La sidra natural asturiana se escancia: se sirve un pequeño chorro (el culín) desde lo alto para que se oxigene, y se bebe de un trago. Es parte del ritual y del ambiente de las sidrerías, especialmente en Gijón y Avilés. Déjate llevar por la costumbre local en lugar de pedir que te llenen el vaso.
¿Merece la pena todas las paradas si viajo solo por comer?
La mayoría sí, pero con matices. Ribadesella, Cangas de Onís, Gijón, Avilés y Luarca son paradas con gastronomía muy documentada. Colunga es más floja en ese sentido —tira más de playas y naturaleza—, así que ahí conviene plantearla como día de descanso y de comer pescado sin grandes pretensiones.