Rutas de playas y costa · Europa · 7 días

Ruta de playas por Islandia en 7 días

Ruta de playas por Islandia en 7 días
  1. 1Hauganes
  2. 2Akureyri
  3. 3Jökulsárlón
  4. 4Skaftafell
  5. 5Vik
  6. 6Reikiavik
  7. 7Grindavík

Esta ruta de playas por Islandia en 7 días no va de tumbona y sombrilla: aquí la costa es arena volcánica negra, icebergs varados que parecen diamantes, fiordos donde asoman las ballenas y acantilados batidos por el Atlántico. Si lo que buscas es el litoral islandés en estado puro —el que impresiona más que el que invita a bañarse—, este itinerario te lleva por sus rincones más fotogénicos sin salirte de un recorrido que se puede conducir de verdad.

A diferencia de una ruta general por la isla, aquí el hilo conductor es siempre el agua y la orilla: qué tipo de playa o cala hay en cada parada, qué se ve desde el mar y qué actividades acuáticas —salir en barco a ver cetáceos, remar en kayak entre hielo— tienen sentido en cada punto. Arrancamos en el norte, en el fiordo de Eyjafjörður, y bajamos al sureste glaciar antes de cerrar en la costa suroeste, cerca de Reikiavik.

Un aviso desde ya: la costa islandesa es tan bonita como traicionera. En más de una de estas playas el mar manda, así que la ruta es también un ejercicio de respeto por el océano.

Día 1 · Hauganes

Empezamos en el norte, en Hauganes, un minúsculo pueblo pesquero escondido en el fiordo de Eyjafjörður. No vengas buscando playa de arena: aquí la costa es puerto, casitas de colores y montañas nevadas cayendo al fiordo. Lo que hace especial este rincón es lo que pasa en el agua. Es, según la guía, el mejor lugar del país para avistar ballenas: sin colas, sin masificación y con la primera jorobada o minke asomando a los pocos minutos de zarpar, porque el pueblo está en mitad del fiordo.

La salida se hace en barcos tradicionales de pesca y suele durar unas tres horas. En temporada alta se llena, así que conviene reservar con antelación. Un paseo tranquilo por el puerto completa el día antes de bajar hacia la ciudad.

La arena volcánica negra define buena parte del litoral islandés.
La arena volcánica negra define buena parte del litoral islandés. Foto: Bernd Thaller from Graz, Austria · CC BY 2.0

Día 2 · Akureyri

A un paso de Hauganes, Akureyri se asienta en la orilla del Eyjafjörður, el fiordo más largo del país, y funciona como campamento base del norte. Es una ciudad coqueta que se recorre a pie: el barrio de Oddeyri con sus casas de madera de colores, la calle Hafnarstræti y la iglesia con vistas al fiordo desde lo alto. Desde su puerto también salen avistamientos de ballenas, aunque aquí la navegación hasta los cetáceos es más larga.

Para terminar el día como los locales, la piscina geotérmica de la ciudad es un planazo: agua caliente al aire libre mientras fuera hace frío. Y si te sobra tiempo antes de emprender el largo trayecto hacia el sur, una escapada a la cascada de Goðafoss encaja bien.

Día 3 · Jökulsárlón

Cruzamos al sureste para llegar a la joya costera del viaje: la laguna glaciar de Jökulsárlón, sembrada de icebergs que flotan lentamente hacia el mar con azules imposibles. Fíjate en el agua, porque es fácil ver focas asomando entre los bloques de hielo. Pero lo que buscamos de verdad está justo al otro lado de la carretera: Diamond Beach, la playa de los diamantes, donde la corriente devuelve a la arena volcánica negra bloques de hielo transparente. El contraste es una de las imágenes más impactantes de toda Islandia.

Aquí el agua no es para bañarse, sino para vivirla desde dentro: en verano se puede hacer un tour en kayak por la laguna, remando entre icebergs. Si puedes, duerme cerca una noche para ver la laguna a distintas horas; por la mañana el glaciar suele estar mejor iluminado y hay muchos menos «diamantes» pisoteados en la arena.

Día 4 · Skaftafell

Seguimos por la costa sur hasta Skaftafell, ya dentro del enorme Parque Nacional Vatnajökull. Aquí el protagonista deja de ser el mar para ser el hielo: cascadas rodeadas de columnas de basalto como la Svartifoss y lenguas glaciares descendiendo entre montañas. Es un respiro «de interior» dentro de una ruta litoral, y sirve para entender de dónde salen los icebergs que ayer veías en Jökulsárlón.

Si quieres tocar el hielo, aquí es donde tiene sentido: el trekking sobre el glaciar Vatnajökull se hace siempre con guía y crampones, por seguridad. Y para volver al agua, un trekking con paseo en barco entre las lenguas glaciares acerca la experiencia a las lagunas.

Día 5 · Vík

Continuamos hacia el suroeste hasta Vík, y aquí volvemos de lleno a las playas. Este pueblecito de apenas 300 habitantes es la base perfecta para la costa de arena negra más famosa del país. La estrella es Reynisfjara: columnas de basalto, la cueva de Hálsanefshellir y las agujas de roca de Reynisdrangar emergiendo del mar, esas que la leyenda dice que son trolls petrificados.

Aviso importantísimo, porque la guía lo deja claro: Reynisfjara es una de las playas más peligrosas de Islandia. Las «olas asesinas» aparecen de repente y han causado muertes. Mantente siempre a más de 30 metros del agua y respeta las señales. Muy cerca, los acantilados de Dyrhólaey regalan un enorme arco de roca sobre el mar y, entre mayo y agosto, una gran colonia de frailecillos. Si el día se tuerce —algo habitual aquí—, el museo folclórico de Skógar es un buen refugio.

Día 6 · Reikiavik

Llegamos a la capital, Reikiavik, colorida, compacta y asomada al mar. Aunque no es destino de playa, su relación con la costa está muy presente: la escultura del Viajero del Sol (Sólfar) frente al agua, el puerto viejo, la colina de Þúfa con vistas al mar y el mirador de Perlan. Para situarte el primer día, un free tour por Reikiavik te ubica en un par de horas y te cuenta la historia vikinga de la ciudad.

Recorre a pie la calle Laugavegur, sube a la torre de Hallgrímskirkja y, si el tiempo no acompaña, tira de museos. Es también el mejor punto para cerrar cabos logísticos antes de la última etapa.

Día 7 · Grindavík

Cerramos en Grindavík, un pueblo pesquero de la península de Reykjanes donde el paisaje huele a fuego y a hielo: campos de lava, columnas de vapor geotermal y una costa atlántica salvaje con faros solitarios como el de Reykjanesviti, el más antiguo del país. Los acantilados de Krýsuvíkurbjarg y la zona geotermal de Gunnuhver completan una jornada de costa bien distinta a las anteriores.

Y aquí, el broche perfecto para una ruta de aguas frías: darse un baño caliente. La entrada a la Laguna Azul, con sus aguas azul lechoso rodeadas de lava negra, funciona con reserva previa y se llena, así que compra tu plaza con antelación. Ojo: la actividad volcánica reciente puede provocar cierres de carreteras en la zona, consulta siempre el estado de las vías antes de moverte.

Consejos prácticos para esta ruta de playas

El gran mensaje de una ruta costera por Islandia es el respeto al mar. En playas como Reynisfjara las olas suben sin avisar; no des la espalda al agua ni te acerques para la foto. La luz de primera hora de la mañana es tu mejor aliada, tanto para ver Diamond Beach con menos gente como para fotografiar los fiordos del norte.

El verano trae más horas de luz y las salidas en barco a pleno rendimiento, pero también más gente en los puntos famosos; fuera de temporada tendrás la costa casi para ti, a cambio de tiempo más duro. No intentes encadenar todas las paradas a marchas forzadas: los trayectos entre el norte y el sureste son largos y la costa pide calma. Lleva siempre cortavientos e impermeable, porque en el litoral el viento manda, y consulta el estado de carreteras y el mar antes de cada etapa.

Preguntas frecuentes

¿Se puede uno bañar en las playas de esta ruta?

No en el sentido tradicional. El litoral islandés es de aguas frías y fuertes corrientes, y playas como Reynisfjara son directamente peligrosas por sus olas repentinas. Aquí el «baño» es otra cosa: aguas termales como la Laguna Azul de Grindavík, o disfrutar de la costa desde un barco o un kayak. Las playas se visitan por su belleza brutal, no por el chapuzón.

¿Cuál es la playa imprescindible del recorrido?

Si tuviéramos que quedarnos con una, Reynisfjara, junto a Vík: arena volcánica negra, columnas de basalto y las agujas de Reynisdrangar en el mar. Diamond Beach, frente a la laguna de Jökulsárlón, le disputa el puesto por sus bloques de hielo transparente varados sobre la arena negra. Son experiencias distintas y las dos entran en esta ruta.

¿Qué actividades acuáticas tienen sentido en el litoral islandés?

Más que bañarse, aquí se vive el agua desde dentro. En Hauganes y Akureyri salen barcos para avistar ballenas jorobadas y minke en el fiordo; en la laguna de Jökulsárlón se puede remar en kayak entre icebergs en temporada. En la costa sur también hay paseos a caballo por la playa. Todas son actividades que dependen mucho de la época del año.

¿Cuándo se ven los frailecillos en la costa?

Según la guía de Vík, los frailecillos anidan en los acantilados de Dyrhólaey aproximadamente entre principios de mayo y finales de agosto. En plena época de cría llegan a cortar el acceso para proteger a las aves, así que respeta cualquier señalización. Si tu prioridad son los puffins, planifica la ruta dentro de esa ventana.