Rutas con niños · España · 7 días

Ruta con niños por Cantabria en 7 días

Ruta con niños por Cantabria en 7 días
  1. 1Fuente Dé
  2. 2Potes
  3. 3Comillas
  4. 4Santillana del Mar
  5. 5Suances
  6. 6Santander
  7. 7Liérganes

Esta ruta con niños por Cantabria está pensada para que los peques aguanten y disfruten: pocas paradas al día, distancias cortas y un equilibrio entre montaña, mar y pueblos que se recorren a pie sin agobios. No es la versión exprés para adultos con prisa, sino un itinerario con margen para siestas, meriendas largas y ratos de playa.

Arrancamos en los Picos de Europa, bajamos a la costa occidental y terminamos cerca de Santander, en un pueblo con leyenda. Cada parada la elegimos por lo que engancha a un niño: un teleférico que sube en vertical, un edificio de colores, un paseo en barco, un tren turístico o una estatua de un hombre-pez.

La clave con niños es no querer verlo todo. Siete días dan de sobra si te lo tomas con calma y dejas que cada día tenga su hueco muerto. Vamos con el recorrido.

Día 1 · Fuente Dé

Empezamos por lo más espectacular para que la ruta arranque con fuerza: el teleférico de Fuente Dé. La cabina salva un desnivel enorme en apenas unos minutos y da la sensación de ir a chocar contra la pared de roca; para muchos niños es lo que más recuerdan del viaje. Arriba, en el mirador de El Cable, el suelo enrejado deja ver el vacío bajo los pies, así que si alguno lleva mal las alturas, mejor no asomarse del todo.

Un consejo que aquí importa el doble: revisa la previsión y la webcam antes de subir, porque con niebla no se ve nada y habrás gastado la subida para nada. Lleva chaqueta aunque sea verano, que arriba refresca. Para evitar colas con peques cansados, conviene reservar la entrada del teleférico con antelación. En los Puertos de Áliva se ven vacas y caballos pastando en libertad, un plan tranquilo tras la emoción de la subida.

El teleférico de Fuente Dé, el arranque más espectacular de la ruta para los peques.
El teleférico de Fuente Dé, el arranque más espectacular de la ruta para los peques. Foto: Carlos Delgado · CC BY-SA 4.0

Día 2 · Potes

Bajamos al pueblo que es la puerta de Liébana. Potes se recorre a pie sin coche, con callejones de piedra y puentes sobre el río donde los niños pueden corretear a su aire. La parada más redonda para este viaje es la Casa del Oso, cuyas salas explican la relación del oso pardo cantábrico con las personas: un plan sencillo y a la altura de los peques.

Si os quedan ganas, la senda fluvial junto a los ríos Deva y Quiviesa, con el puente de San Cayetano, es un paseo corto y llano ideal para estirar las piernas. El Museo de la Brujería, en la Torre de Orejón de la Lama, tiene un punto tétrico que no encaja con todas las edades; queda a tu criterio.

Día 3 · Comillas

Cruzamos a la costa. Comillas es una villa peatonal donde el gran gancho infantil es el Tren Turístico, que une los puntos más alejados del centro (el monumento al Marqués, el Parque Güell, la playa y el faro) en un recorrido corto y sale enfrente del Palacio de Sobrellano. Con piernas pequeñas, ahorra caminatas y encanta.

La joya es el Capricho de Gaudí, con su fachada de azulejos de girasoles y formas onduladas que parece salida de un cuento; reserva la entrada con hora fija para no plantarte con niños esperando más de una hora al siguiente turno. Ojo con el aparcamiento: en temporada alta puede tocar dejar el coche carretera arriba, así que ve con margen.

Día 4 · Santillana del Mar

Un día tranquilo de pueblo. Santillana del Mar es un casco histórico peatonal de calles empedradas que se anda despacio; con niños, precisamente eso es una ventaja, porque no hay tráfico y todo queda cerca. Recorrer la Plaza Mayor, la Colegiata de Santa Juliana con su claustro de capiteles llenos de animales y seres fantásticos, y perderse por las casonas es un plan de mañana relajada.

Cerca queda Altamira, referencia obligada; si viajáis con curiosos por las cuevas y las pinturas rupestres, hay una visita guiada a Altamira que pone contexto a lo que se ve. Deja el coche en los aparcamientos de la entrada del pueblo y entra caminando.

Día 5 · Suances

Toca día de mar. Suances es playa pura: la Playa de la Concha, junto al paseo marítimo, es la más urbana y familiar para pasar la mañana con cubo y pala. La Punta del Dichoso tiene sendas sencillas y llanas, perfectas para pasear en familia con el mar de fondo, y desde ahí se ve la Roca Blanca.

Para variar el plan, un paseo en barco por Suances permite ver la costa desde el agua, algo que suele funcionar de maravilla con niños. Los acantilados de Punta Ballota son espectaculares pero conviene vigilar de cerca a los peques por el borde.

Día 6 · Santander

La capital da para un día largo y variado. El plan estrella con niños es la Península de la Magdalena: un parque enorme abierto al mar con senderos, y el trenecito turístico que la recorre. El Centro Botín tiene pasarelas exteriores por las que se sube gratis para asomarse a la bahía, y las estatuas de los Raqueros junto al agua siempre llaman la atención de los peques.

El Sardinero es la gran playa urbana si queréis rematar con un rato de arena, y la Playa del Camello esconde una roca con forma de camello que a los niños les hace gracia buscar. Un free tour por Santander el primer rato ayuda a situarse sin cargar con el mapa. El funicular del Río de la Pila, gratis, es otro pequeño capricho que suele gustar.

Día 7 · Liérganes

Cerramos tierra adentro, en Liérganes, un pueblo medieval que se recorre entero a pie. El gancho para los niños es la leyenda del Hombre-Pez: bajo el Puente Mayor hay una estatua de bronce dedicada a este ser de la mitología cántabra, y cerca un antiguo molino alberga su Centro de Interpretación, que da mucho juego para contarles la historia. Un free tour por Liérganes pone voz a esa leyenda mientras paseáis.

El paseo por la orilla del río Miera, tras cruzar el Puente Mayor en dirección a Rubalcaba, es corto, llano y bonito: buen broche para un último día sin prisas. Y de paso, para comprar sobaos y quesadas antes de volver.

Consejos prácticos para esta ruta con niños

Menos es más: hemos dejado una sola parada fuerte por día a propósito, porque con niños encadenar visitas termina en rabietas. Si un día el cuerpo pide playa y nada más, hazle caso.

El primer tramo, montaña (Fuente Dé y Potes), es el más exigente por las carreteras de curvas del Desfiladero de la Hermida; si alguno se marea en coche, ten a mano lo de siempre y para cuando haga falta. El teleférico de Fuente Dé es lo único de la ruta que depende del tiempo, así que ten un plan B por si toca niebla.

Alterna días de andar (pueblos) con días de mar y parque para que los peques descarguen energía. Y no intentes meter Picos de Europa y costa en el mismo día: están lejos y el viaje se vuelve una carrera. Con siete días repartidos así, la ruta respira.

Preguntas frecuentes

¿Qué parada engancha más a los niños en esta ruta?

Depende de la edad, pero suelen ganar el teleférico de Fuente Dé (por la sensación de subida vertical), el Tren Turístico de Comillas y la estatua y leyenda del Hombre-Pez en Liérganes. Si buscas algo educativo, la Casa del Oso en Potes explica el oso pardo cantábrico de forma sencilla.

¿Es duro el trayecto de montaña con peques que se marean?

El acceso a Potes y Fuente Dé se hace por el Desfiladero de la Hermida, una carretera larga y con muchas curvas. Si alguien se marea en coche, es el tramo más delicado de la ruta: ve con lo habitual para el mareo, para a estirar las piernas cuando haga falta y evita hacerlo justo después de comer.

¿Qué días de la ruta son mejores para playa con niños?

El día de Suances es el más playero, con la Playa de la Concha junto al paseo, que es la más urbana y familiar. En Santander, el Sardinero da un buen rato de arena y la Playa del Camello tiene la roca con forma de camello que a los peques les gusta buscar. Reserva las mañanas para la playa, que es cuando mejor lo llevan.

¿Cómo evito las esperas con niños en las visitas más concurridas?

En verano, tanto el teleférico de Fuente Dé como el Capricho de Gaudí en Comillas forman colas largas, y esperar con niños es lo que peor funciona. Reservar la entrada con hora fija por adelantado te asegura la plaza y evita plantarte con los peques aguardando al siguiente turno.